Los bosques son ecosistemas imprescindibles para la vida. Son el hábitat de Multitud de seres vivos, regulan el agua, conservan el suelo y la atmósfera y suministran una gran cantidad de productos útiles.

Bosque es toda aquella superficie de tierra en donde se hallan creciendo asociaciones vegetales, predominando árboles de diferentes tamaños que han sido explotados o no, capaces de producir madera u otros productos; influyen en el clima y en el régimen hidrológico y además brindan protección a la vida silvestre.

Si la conciencia humana no cambia, pronto podremos hablar en pasado de los verdes bosques, de los del planeta. La deforestación, los incendios y sobre todo la tala ilegal e indiscriminada de árboles, por parte de la industria papelera principalmente, están mermando la cantidad y calidad de los bosques primarios del Planeta.

Las cifras no pueden ser más alarmantes, sólo queda ya el 20 por ciento de los bosques vírgenes de la Tierra, según un estudio de la organización ecologista Greenpeace. Cada dos segundos desaparece en el mundo una extensión de estos bosques similar al tamaño de un campo de fútbol. Y seguimos sumando.

Decenas de asociaciones ecologistas de todo el mundo llevan años denunciando la tala indiscriminada de árboles en estas zonas naturales, desgraciadamente irrecuperables. El avance de la sociedad de consumo, que antepone el beneficio económico a la ecología y a la propia ley, está arrasando con los pulmones verdes de la Tierra.

El bosque primario es aquel que sigue libre de la influencia de la actividad industrial del hombre. Es decir, aquellas parcelas de bosque que siguen intactas desde sus orígenes. Hoy en día, sólo contamos con el 20 por ciento de estos terrenos, el resto de bosque virgen ha ido desapareciendo prácticamente en los últimos ochenta años de la Historia, a un ritmo frenético.

La mayor extensión de este pulmón planetario se encuentra en América del Sur, gracias a la selva amazónica, fundamentalmente, y a la región de la Patagonia, en Argentina. Sin embargo, en otras zonas como Europa, casi no existen ya bosques primarios.

En la Amazonia se localizan el 34 por ciento de estos parajes, la mayor extensión. Pero sus árboles se ven cada vez más afectados, desde que las corporaciones transnacionales fijasen la vista en esta selva como fuente suministradora de recursos forestales, previo arraso de los bosques del Sudeste Asiático y África central.

Norteamérica cuenta con el 28 por ciento de estos bosques, concentrados en su mayor parte en Canadá. Le sigue el Norte de Asia con el 19, los Bosques del Paraíso en las islas del Sudeste Asiático, con un 11; África, con el 8 por ciento del terreno primario y, finalmente, el continente europeo que, con un 3 por ciento de bosques primarios.

La desaparición de nuestro pulmón verde conlleva unas consecuencias desastrosas, más allá de la contaminación o la oxigenación del aire. En los bosques todo está interrelacionado, el mínimo daño desencadena una serie de pequeñas catástrofes que afectan a todo el Planeta.

Sin árboles, la deforestación se abre paso sin control, y con ella, se produce una pérdida de biodiversidad, con lo que centenares de especies vegetales, animales e incluso humanas –aborígenes, tribus salvajes- se ven abocadas a la extinción.

Las actividades madereras, ganaderas e industriales en la zona están poniendo en peligro todo un ecosistema que ayuda a purificar nuestra tierra y que es fuente de vida. La mayoría de estos árboles pasará a convertirse en papel para nuestros escritorios, muebles para nuestros hogares y envases para nuestros productos, sin que nadie se preocupe por comprobar si las talas se han llevado a cabo dentro de la legalidad.

Entidades como Greenpeace, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) o Ecologistas en Acción denuncian cada año el mal que se está haciendo a nuestros bosques primarios y numerosos rostros conocidos se han sumado a la causa para concienciar al mundo de esta situación.

Sin embargo, los bosques siguen extinguiéndose. Nacen y crecen a un ritmo lento en las zonas vírgenes y mueren en el mercado industrial a un ritmo desorbitado. A escala global, una de las consecuencias mas graves, los bosques cumplen importantísimas funciones en materia climática y su desaparición afecta a la humanidad la enorme masa vegetal de los bosques ayuda a regular el clima global.